FINALIZA LA REVISTA


 En el día de la fecha, damos por terminado el ciclo de ediciones de Orden Natural, iniciado hace seis años. Mantendremos este sitio, con el archivo de los artículos ya publicados; agradeciendo a quienes nos acompañaron durante esta experiencia de difusión de ideas y principios. 

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA: OIKÍA Y POLIS

 


 

Luis María Caballero

 

El cuatro de febrero de este 2024 concluyó su trayecto terreno el Prof. Rafael Alvira. Un amigo bueno y maestro sabio que, con su labor docente, sus escritos y su ejemplo trajo luz a mucha gente. Después de una vida llena de frutos sabrosos y abundantes, partió para el Cielo a disfrutar de la Vida Eterna junto a su Dios y Señor, su amigo Jesús. Fue un verdadero santo que no dudo que algún día veneraremos en los altares. Su devoción sencilla, una humildad que lo llevaba a procurar pasar inadvertido y una voz siempre calma que llevaba paz a las almas de sus amigos y alumnos con sus consejos -siempre certeros-, me hacen pensar que así será.

 

Quienes hemos asistido a sus clases, escuchado sus conferencias y disfrutado de su obra escrita recordaremos por siempre su voz apenas susurrada, su sonrisa llena de afecto y su humor incomparable al hablar de esos temas tan sustanciosos que sabía presentar de manera sencilla y amena. Su filosofía de la vida cotidiana es una joya del intelecto que aún debe ser descubierta y puesta en valor. Familia, hogar, vida ordinaria. Todos esos conceptos permean su obra y el esquema conceptual de su pensamiento.

 

Su labor como pensador es reconocida en todo el mundo y en la Universidad de Navarra, donde fue catedrático de filosofía, será recordado como referente y pionero en diversas áreas del saber. Fue uno de los fundadores y director del Instituto Empresa y Humanismo, desde donde llevó adelante una ingente tarea de concientización sobre la importancia de conservar una mirada ética en todos los quehaceres de la actividad humana. Fue autor de más de doscientos artículos científicos y numerosos libros relevantes sobre distintos tópicos; dirigió más de cuarenta tesis doctorales y fue parte del tribunal examinador en un número similar de defensas de tesis. En el año 2019 presidió el tribunal ante el que defendí en Pamplona mi propia investigación para acceder al grado de doctor en Gobierno y Cultura de las Organizaciones.

 

Su partida nos ha dejado un poco huérfanos y su ausencia física ya comienza a notarse. Sabemos que ha llegado al final del camino y ha peleado el buen combate. Descansa ya en el paraíso, pues Jesús -seguramente- lo ha recibido diciéndole: Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor. Estoy seguro de que, desde el Cielo, continuará haciendo mucho bien.

 

En el año 2023 tuve el honor y el privilegio de escribir la Introducción del libro Oikía y Polis, que realizó junto con uno de sus discípulos dilectos, Rafael Hurtado. Agradeceré por siempre el regalo que me hicieron al pedirme esta colaboración, en un trabajo que considero un legado intelectual muy importante.

 

Cuando el libro llegó a mis manos me sumergí en su lectura con premura de entusiasta, procurando beber sorbo a sorbo cada página para alcanzar la riqueza que allí subyace y así hacerla carne en mi propia vida.

 

 Mi amistad con los autores comenzó en el año 2006, cuando fui a Pamplona por primera vez. Hacía poco más de un año que me había casado y con mi esposa acabábamos de emprender un viaje que sería el punto de partida de una aventura –así llaman los autores a la vida de hogar- que aún continúa, contra viento y marea.

 

Apenas conocí a Don Rafael Alvira descubrí en él a un verdadero maestro, de esos que escriben profundamente en las almas; y en Rafael Hurtado encontré a un amigo sabio al que procuraré conservar toda mi vida. Con ambos existían visiones semejantes sobre muchos temas importantes, y en los dos encontré también, junto a mi familia, un apoyo muy valioso en momentos complejos que hemos debido atravesar. A veces, estando geográficamente cerca, y otras veces a la distancia, unidos por la cercanía que brindan el cariño y la oración.

 

Las ideas que han trabajado de manera tan profunda en Oikía y Polis son parte de un acervo vital que ellos encarnan cotidianamente de manera sencilla y natural. Sus pensamientos -que vuelan muy alto, aunque sepan expresarlos de manera tan sencilla y coloquial- son fruto y consecuencia de un modo de vivir que ilumina el recorrido terreno de quienes tenemos la gracia de haberlos conocido.

 

A partir de ese lejano 2006 mi vida ha tenido numerosos desafíos. Desde muy temprana edad sentí una profunda vocación política, que canalicé con ardor juvenil durante bastante tiempo en mi tierra natal. El sueño de contribuir a transformar la realidad de mi país me llevó a destinar gran parte de mis afanes a esa tarea. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, he debido canalizar esas inquietudes de manera muy distinta; en el Tercer Sector, en la vida académica y, primordialmente, en la vida familiar. Gracias a las enseñanzas de estos autores, he visto fortalecida la certeza de que mi vocación política, mi forma de contribuir a la sociedad ES con mi esposa y con mis cinco hijos.

 

En ocasiones Dios permite que una familia viva situaciones difíciles, como una manera de recordarnos que la paz y la felicidad no se alcanzan cuando cumplimos al pie de la letra nuestros proyectos, sino cuando abrazamos con amor los Suyos. La llegada de nuestra hija María del Rosario es la prueba más evidente de ese aserto.

 

Ella nació en Pamplona, durante nuestra segunda estadía en Navarra -en el año 2015- después de un embarazo en el que los médicos anunciaban muy escasas posibilidades de sobrevida para nuestra bebé. Un médico nos dijo que, si llegaba a sobrevivir, sus días y los nuestros transcurrirían en un mar de tristeza, limitaciones y dolor. Su conclusión era tan terrible que no me atrevo a ponerla en palabras. Sin embargo, hoy Rochi – como la llamamos – tiene ocho años y lleva una vida plena y feliz junto a nosotros y sus cuatro hermanos varones.

 

 Cuando abrí el libro encontré una frase de Gilbert Keith Chesterton que fue una invitación a adentrarme en el libro, sin demoras. Allí hallé casa, familia y hogar. Lo que me presentaron Alvira y Hurtado fue –usando palabras de Miguel Cané en su Juvenilia – Un rayo de luz, la manzana de Newton, la lámpara de Galileo, la marmita de Papin, la rana de Volta, la tabla de Rosetta de Champollion, la hoja enroscada de Calímaco. Allí leí por vez primera, de manera clara y sólidamente articulada, una serie de ideas y verdades que, si fueran puestas en práctica por cada familia, podrían cambiar el mundo. ¡Familia, llega a ser lo que eres! Ese es el grito, con claras resonancias wojtyleanas, que se desprende de cada una de sus páginas. La grandeza de la invitación corre paralela a las dificultades del desafío.

 

La familia es sagrada porque implica sacrificio. La familia es el lugar al que se vuelve, porque solo allí podemos ser lo que realmente somos. La familia es el ámbito primigenio del conocimiento mutuo y el sitio más propicio para el desarrollo de la confianza… Tan solo imaginemos lo que podría ser nuestra sociedad si lográramos expandir a su ámbito específico la noción de sacrificio por amor, verdadero conocimiento de unos a otros y confianza mutua… Por lo tanto, retomando la idea del párrafo anterior, merece el esfuerzo aceptar la invitación y afrontar el desafío.

 

 Muchos conceptos que allí se vierten ayudan a redescubrir el sentido más profundo de tantos caminos que cada día elegimos como padres y de los rumbos que seguimos de manera apenas intuitiva. En ocasiones podemos perder de vista que la vida en familia no es una decisión de un día para siempre, sino que implica decidir, cada día, la renuncia voluntaria a algunos bienes más pequeños en pos de un bien mayor que puede tener continuidad y trascendencia en el tiempo, a través de las generaciones. Esas decisiones son actuales y conscientes, y el libro nos recuerda que jamás debemos darlas por supuestas. Esas decisiones son actuales y conscientes –decía- porque cada una de ellas está inspirada en el amor.

 

La familia -enseñan con meridiana luminosidad los autores- no solamente es la célula de la sociedad, sino que es también su alma, y, por lo tanto, solamente fortaleciéndola podemos aportar verdaderamente al conjunto social. El panteísmo de estado del que nos habla el escritor argentino Hugo Wast, busca prescindir de esa alma, sustituyéndola por precarios equilibrios, pero esos proyectos no parecen estar dando resultado, si miramos las injusticias del mundo actual…

 

Los médicos que nos atendieron durante el embarazo de nuestra hija tenían la casi certeza de que ella no podría vivir fuera del vientre materno y eso marcó una etapa de nuestras vidas. La perspectiva de perderla tan pronto nos hizo buscar el refugio en Dios, que se manifestó en el cariño de nuestras familias de sangre, en la sonrisa de nuestros hijos, y en la cercanía y apoyo de muchísimos amigos, entre los cuales se cuentan Rafael Alvira y Rafael Hurtado.

 

Cuando tiene la experiencia del dolor profundo encuentra más facilidad para elevar la vista hacia lo divino (muchas veces, sencillamente, clamando al Cielo que el dolor cese), pero no es menos cierto que al hacerlo es más fácil percibir también, con mucha mayor claridad, que nuestros semejantes tienen -como nosotros- dolores, angustias y preocupaciones. Ese mirar a lo alto ayuda a sabernos frágiles, a reconocernos débiles y, en consecuencia, a comprender mejor las debilidades de quienes nos rodean. El refugio es la familia, pero en esos momentos la familia se amplía y se descubre que en la sociedad es posible recrear esos vínculos, no solamente a través de la sangre, sino por medio de lazos espirituales. Únicamente logrando esa trascendencia podremos contribuir a la construcción de una sociedad mejor, que no se conforme con “durar”, sino que pueda desarrollarse en el tiempo.

 

 La experiencia del sufrimiento obliga a vivir más lentamente, a saborear cada avance, cada mejora, cada aprendizaje, y a poner en una perspectiva más real y profunda las circunstancias de cada día. A valorar mejor la ayuda recibida, y a agradecer a Dios el mismo don de la existencia. En el trabajo que hoy me toca reseñar se muestra la riqueza de esa forma de encarar la propia vida, acompañado, sostenido y enmarcado por un núcleo familiar, donde se rescate lo que es bueno, bello y verdadero.

 

Todo el libro está permeado por una serie de reflexiones que cada uno podrá hacer propias, trayéndolas a su vida. Lo que han escrito estos dos grandes pensadores no es un trabajo teórico, abstracto, lejano, sino un conjunto de ideas y propuestas, engarzadas a la manera de un orfebre, que cada uno de nosotros puede incorporar, sin artificialidades, en la propia realidad.

 

Un párrafo aparte merece el epílogo del libro. La amplitud del registro intelectual de los autores se hace patente en su capacidad de realizar, sin perder precisión, un análisis sobre el transhumanismo, una semblanza biográfica de Chesterton, o una fábula sobre la vida humana, como es el diálogo entre los dos niños por nacer que encontramos en las últimas páginas. La seriedad, el humor, el sentido común y la ternura se suceden sin solución de continuidad y eso permite al lector seguir la tesis sin perder jamás el hilo del razonamiento, ni el interés. Ese es un mérito indudable de los profesores Alvira y Hurtado, que sabrán apreciar los lectores. Cada uno de nosotros puede sentirse identificado y reflejado –de manera alternada- en los pensamientos de los dos bebés que conversan en el vientre de su madre. La esperanza, la humana inquietud ante lo que aún no hemos visto, la confianza en lo que hemos “oído”, y el temor a equivocarnos son una metáfora maravillosa sobre la vida humana, la vida en familia y -por supuesto- la vida en sociedad.

 

En el libro se presentan los desafíos del mundo moderno, sin conceder nada a lo políticamente correcto y sin eufemismos, como solamente saben hacerlo quienes tienen claro hacia dónde debemos ir. Y cuando el recorrido de un pensamiento es presentado de esa manera, uno pierde el miedo a seguir el rumbo marcado. Como padre, como marido, como amigo, agradezco la guía certera de los dos autores.

 

 La presencia de Dios está clara desde la primera a la última página, de una manera muy natural, porque Dios, en Sí mismo, es Familia y los autores lo saben muy bien. El Dios del que nos hablan no es una divinidad ajena a nuestras vidas, sino un Padre Providente que nos conoce y nos ama, y nos invita a la plenitud de la vida, en nuestras familias y en la sociedad en que vivimos, por medio de un amor de agapé, que es entrega confiada y sacrificio voluntario.

 

 El dolor no impide la felicidad. El sufrimiento no es lo opuesto a la alegría. Simplemente hay que aprender, incluso en medio de nuestros fallos de cada día, a dejarse llevar de la mano de Dios. Y eso es lo que Rochi, junto con sus hermanos, ha venido a enseñarnos a nosotros como familia, y a muchas personas más que se han visto transformadas por el amor de Dios en este tiempo.

 

Luis María Caballero

Decano de Ciencias del Derecho

Universidad Siglo 21

  REVISTA

ORDEN NATURAL 
N° 23  diciembre de 2023


a la ideología climática del socialismo verde.
DiMaurizio Milano.


Prof. Jorge Martín Flores.


La gran batalla por la soberanía económica.
Marcelo Gullo.

Una luz para reconstruir la Nación.
Carta pastoral del Episcopado Argentino a los miembros del Pueblo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad.


Para administrar el Mar Argentino.
César Lerena.


Ricardo Andrés Torres.


Mario Meneghini.



 REVISTA

ORDEN NATURAL 
N° 22    septiembre de 2023


para la actuación política de los católicos.
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.


Humanizarlo o degradarlo.
Mario Meneghini.


Prologa un libro muy crítico con el próximo sínodo.
Catholic Herald/Infocatólica.

P. Francisco José Delgado.


Carlos Esteban.


Grabiel Camilli.


El 30 aniversario de una encíclica olvidada.
Stefano Fontana.


a «Crítica de la Concepción de Maritain sobre la Persona Humana»
Julio Meinvielle.
Prof. Jorge Oscar Sulé.



Germán Masserdotti.



 REVISTA

ORDEN NATURAL 
N° 21    junio de 2023
Luis Francisco Ladaría Ferrer


Mons. Héctor Aguer

Comisión Nacional de Justicia y Paz

Carlos H. Prosperi

Ricardo Andrés Torres

Ignacio Balcarce

Centro de Estudios Cívicos
























EL NACIONALISMO CATÓLICO

 


 y la guerra al terrorismo marxista (I)

 

POR FERNANDO ROMERO MORENO

 

La Prensa, 16.04.2023

 

Hace unos días salieron a la venta los dos primeros tomos del libro La verdad los hará libres, dirigida por la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina (UCA), a pedido de la Conferencia Episcopal de nuestro país (CEA).

 

Este trabajo de investigación es el primero que se publica habiendo utilizado al mismo tiempo el Archivo de la Conferencia Episcopal Argentina y el Archivo corriente de la Santa Sede, incluida la Secretaría de Estado, el Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia y la Nunciatura en la Argentina. El tomo I se titula “La Iglesia Católica y la espiral de violencia de la Argentina entre 1966 y 1983” [1].

 

Aquí se responsabiliza de modo principal al Nacionalismo Católico y al “integrismo” por la violencia de los años ´70, al haber inspirado supuestamente la metodología de la represión ilegal, relativizando en cambio la gravedad que supusieron la teología progresista y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) en relación a la subversión castro-comunista, como la opción por las armas que inculcaron en gran cantidad de jóvenes argentinos, llevándolos a la muerte.

 

Como explica Jorge Martínez en un reciente artículo publicado en el diario La Prensa, los autores ubican en la corriente “integrista” a “la Ciudad Católica de Jean Ousset y la revista Verbo, a los padres Julio Meinvielle, Alberto Ezcurra y Alfredo Sáenz, a los libros La Iglesia Clandestina de Carlos Sacheri y Fuerzas Armadas: ética y represión de Marcial Castro Castillo (pseudónimo de Edmundo Gelonch Villarino), al Seminario de Paraná, a la revista Mikael, al Vicariato castrense, a los capellanes militares y muy especialmente a los obispos Adolfo Tortolo y Victorio Bonamín” [2].

 

La realidad, por cierto, es muy distinta, toda vez que el Nacionalismo Católico, además de haber hecho una seria crítica teológica, filosófica, política, jurídica, cultural, económica y financiera del terrorismo marxista, no dudó en señalar también bajo qué condiciones morales era lícito combatirlo, teniendo en cuenta que había que aplicar los principios universales del derecho natural y cristiano acerca de la guerra justa a una “guerra revolucionaria” (muy diferente de la guerra clásica o convencional).

 

En esta última el enemigo se ubica al margen de las leyes internacionales sobre conflictos armados, no usa uniforme, considera que el fin justifica los medios y se mimetiza con la sociedad civil, formando parte de una compleja estructura clandestina (de tipo celular, piramidal y tabicada). Como veremos, estudiar estas condiciones fue tarea que realizaron los referentes más importantes del Nacionalismo Católico, a diferencia de otras corrientes políticas que actuaron según criterios, al menos de hecho, utilitaristas, superficiales o simplemente cómplices.

 

Va de suyo que este análisis parte de la premisa de que la Argentina vivió una Guerra Civil de naturaleza revolucionaria, sobre todo entre 1969 y 1979, guerra provocada por organizaciones armadas marxistas-leninistas, fueran o no partidarias de utilizar al Movimiento Nacional Justicialista como “puente” hacia la “Patria Socialista”. Guerra que el Nacionalismo Católico estudió en sus orígenes, en su naturaleza, en su “modus operandi”, en su financiamiento, en sus cómplices y en sus consecuencias.

 

Recordemos, para contextualizar lo que estamos afirmando, que las organizaciones terroristas que operaron en la Argentina dependían directamente del Departamento América del Partido Comunista Cubano, con el apoyo de la URSS en su primera etapa. Y que, respecto de Montoneros, la Triple A y algunos sectores del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” existió una cierta convergencia en torno a la logia masónica Propaganda Due, también responsable de esta guerra [3].

 

PRINCIPIO GENERAL

Veamos ante todo un principio general, tomado precisamente del tradicionalista francés Jean Ousset, fundador de la Ciudad Católica, iniciativa adaptada a nuestra realidad por los referentes de la revista Verbo y por el Instituto de Promoción Social Argentina (IPSA), fundado por Carlos A. Sacheri. Escribió Ousset en su Para que Él reine: “Louis Veulliot [católico francés, tradicionalista y monárquico] supo protestar contra los fusilamientos precipitados [en tiempos de la Commune] y no temió reprochar a los burgueses liberales su excesiva dureza en la revancha”. Y afirmaba: “La justicia prohíbe las ejecuciones secretas... ¡Que el pueblo vea cómo se castiga al criminal, que el mismo criminal se sienta castigado! Entonces puede ser tocado por el arrepentimiento y rescatarle para la eternidad (…) Y que no se vaya más allá de lo necesario. La conciencia pública pedirá cuenta de un solo tiro de fusil que la justicia o el derecho a la legítima defensa no hayan ordenado (...)‘La fraternidad o la muerte’ es y sigue siendo una máxima revolucionaria” [4], no una enseñanza católica.

 

CARLOS SACHERI

 

No es extraño entonces que, en la misma línea, Carlos A. Sacheri, anticomunista hecho y derecho, además de mártir en la Guerra contra la subversión, repudiara la metodología criminal de combatir al terrorismo, como la que empleaban algunas organizaciones del denominado peronismo ortodoxo: “Yo recuerdo –decía Fernando de Estrada– que, cuando mataron a Silvio Frondizi, estábamos en una reunión con Sacheri y otras personas, algunas más bien de orientación liberal, que insinuaron aprobar el procedimiento, y recuerdo que Carlos se opuso cortándolos inmediatamente. Dijo que estaba mal. Que así no” [5].

 

Un repudio similar fue publicado en la revista Cabildo en su número 14 de junio de 1974 ante el asesinato del padre Carlos Mugica: “Todos los argentinos bien nacidos debemos lamentarnos de ésta y de tantas otras inútiles muertes producidas por razones ideológicas o por motivos dialécticos y que parecen haber introducido un nuevo estilo en nuestras prácticas políticas, estilo que vendría a echar por tierra la creencia de que vivimos en una Argentina civilizada” [6].

 

De modo similar se expidió esta revista ante el asesinato del diputado Ortega Peña, de conocida militancia en el peronismo de izquierda: “En el camino pues de la guerra que están organizando para que la padezca todo el país, las facciones malavenidas del peronismo, fue ametrallado el diputado Ortega Peña en el filo de la medianoche del miércoles 31 y a cuadra y media de una seccional de policía capitalina. Este nuevo crimen que provocó la muerte instantánea de su víctima, conmovió también a la ciudad. Era la primera vez que caía –destinatario ahora de sus propias reglas de juego– una figura principal de la guerrilla ideológica de izquierda. (…) Este desenfreno criminal obedece” a leyes “cruelmente sofisticadas” [7].

 

La aparición de bandas paramilitares que respondían al terrorismo marxista con idéntica metodología, había sido advertida y juzgada severamente por otro importante pensador y mártir del Nacionalismo Católico, el Prof. Jordán B. Genta.

 

En tiempos de Lanusse, cuando ya la guerrilla hacía notar su presencia con asesinatos, secuestros, robos, etc., estando en la provincia de Tucumán, alguien le preguntó: “—¿No piensa Usted, profesor, que debemos organizarnos y armarnos, y atacar a los guerrilleros de la misma manera en que ellos nos atacan, eliminándolos ocultamente para evitar el reproche internacional y la represalia guerrillera de hoy y de mañana?”. La respuesta de Genta fue clara y contundente: “No —dijo— esa manera de actuar es inadmisible. En primer lugar y ante todo, el cristiano debe estar dispuesto a morir, no a matar; dispuesto a morir por la fe, por la patria, por la familia, por el prójimo. Debe estar dispuesto a derramar, como Nuestro Señor Jesucristo, la propia sangre, y no la sangre ajena. En segundo lugar, y si tiene que defenderse y combatir, el cristiano debe hacerlo en la luz y a cara descubierta, y no desde la sombra y con el rostro encapuchado. Además, los que tienen que desplegar la lucha armada son los integrantes de las Fuerzas Armadas de la Nación, quienes deben apresar abiertamente a los guerrilleros, deben juzgarlos públicamente según las leyes de la guerra, deben condenarlos públicamente y, si fuese posible, deben también ejecutarlos públicamente. Actuar clandestinamente es de una ruindad, una vileza y una cobardía impropias de un soldado, de un estadista y de cualquier cristiano; es algo que no se puede hacer si se es discípulo de Cristo. Y en tercer y último lugar, la guerra sucia a los guerrilleros se la van a perdonar y los van a convertir en héroes, a ustedes no. Ustedes, en rigor, no serán perdonados, y serán, en cambio, castigados como criminales” [8]. Una respuesta profética.

 

La revista Cabildo no se privó tampoco de repudiar la persona y las acciones de López Rega, instigador principal de la “represión ilegal peronista” con la tapa de su número 22 en la que, junto a la foto del “Rasputín” justicialista, se estampó la frase “José López Rega: El Estado soy yo” [9], lo que le valió a Cabildo la clausura por parte del gobierno “democrático, nacional y popular” de Isabel Perón.

 

DOS ESTUDIOS

 

Mención aparte merecen dos estudios específicos acerca de cómo aplicar las enseñanzas clásicas de la Iglesia Católica sobre la guerra justa, a la guerra revolucionaria. Los franceses que combatieron contra el comunismo en Argelia hicieron el estudio detallado de esta modalidad y sus diferencias con la guerra convencional, originando la “Doctrina de Guerra Revolucionaria” (DGR) a través de referentes como Lacheroy, Trinquier, Aussaresses, Chateau-Jobert y Bigeard. Sus análisis fueron importantes para entender con qué clase de enemigo se estaba combatiendo, pero no siempre ni en todos los casos sus consejos fueron acordes con la moral cristiana.

 

Ese estudio, en consecuencia, debieron hacerlo en la Argentina el padre Alberto Ezcurra Uriburu, a pedido de Mons. Tortolo y el Prof. Edmundo Gelonch Villarino, discípulo de Genta, ante las consultas de militares decididos a dar guerra sin cuartel a la subversión marxista pero preocupados por ciertas prácticas que estimaban contrarias a la ley natural y divina.

 

El padre Ezcurra escribió entre fines de 1974 y principios de 1975 un opúsculo titulado De Bello Gerendo. Muchos años después, en el año 2007, fue publicado como libro bajo el título Moral cristiana y guerra antisubversiva- Enseñanzas de un capellán castrense [10]. El opúsculo está dividido en tres capítulos y un Apéndice: I. Principios generales (Legítima defensa, pena de muerte y guerra justa); II. La Guerra revolucionaria; III. Aspectos morales (Licitud de la Guerra revolucionaria, Respecto de los medios, Insuficiencia de la legislación represiva y Advertencias a los hombres de Iglesia).

 

El enfoque general respecto de la metodología contrarrevolucionaria puede advertirse en la siguiente cita que Ezcurra tomó de San Ambrosio: “Aún entre enemigos existen derechos y convenciones que deben ser respetados”, y los asuntos más complejos a los que da respuesta (siguiendo a importantes exponentes del derecho natural como del derecho internacional público) son la aplicación o no de las leyes internacionales de derecho positivo a quienes no se sujetan a ellas, la licitud de dar muerte en combate a los guerrilleros, la licitud o no de hacerlo en caso de rendición, la licitud o no de eliminar físicamente a los jefes y responsables (teóricos o militares) de la guerrilla, la licitud o no de las represalias, entre muchas otras. Y deja bien claro que nunca puede ser lícita la ejecución de los rendidos, salvo casos excepcionales y jamás sin juicio sumarísimo.

 

Como comentaba el Dr. Héctor H. Hernández, biógrafo de Sacheri, al analizar este opúsculo: “Ni se le pudo ocurrir al P. Ezcurra entonces que las Fuerzas Armadas adoptaran (...), como lo hicieron (cuando lo hicieron, lo digo así porque la leyenda oficial miente mucho), el procedimiento criminal de los ‘desaparecidos’ ni ninguna cosa semejante” [11]. Muy por el contrario, nos consta que el mismo Ezcurra debió interceder, aunque sin éxito, ante la desaparición de un conocido suyo, que fue secuestrado por error y asesinado.

 

GELONCH VILLARINO

 

En cuanto al libro de Gelonch Villarino (que apareció bajo el pseudónimo de Marcial Castro Castillo), fue escrito antes del 24 de marzo de 1976 y circuló (sin ser publicado) entre miembros de las Fuerzas Armadas, en especial de la Fuerza Aérea Argentina, cuyos oficiales de filiación nacionalista y católica se encargaron de difundir. Recién en 1979 salió a la venta, con algunos pasajes nuevos fruto de consultas de militares en actividad por problemas de conciencia.

 

Este libro fue elogiado con ocasión de su publicación por las revistas Mikael [12] del Seminario de Paraná y también por la Revista Cabildo [13]. El libro, fundamentado principalmente en las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria y el Magisterio de la Iglesia, se explaya en consideraciones muy atinadas sobre los requisitos de la guerra justa, su aplicación a la guerra revolucionaria y temas específicos como la pena de muerte, los bienes del enemigo, la verdad y la mentira, el trato de los inocentes (niños, mujeres, ancianos, etc.) o la tortura como método de interrogación.

 

Respecto de esto último, Gelonch Villarino la descarta como inmoral respecto de inocentes y sospechosos, y sólo probablemente lícita en relación a los culpables en casos muy excepcionales (no de modo habitual), cuando esté gravísimamente afectado el bien común y no quede otro medio, según el juicio prudencial “ad casum” de la autoridad competente. Con todo, no deja de recordar, a contrario sensu de su opinión (dicha con enorme precaución), que los papas Nicolás I como Pío XII y moralistas ortodoxos, la consideraron en todos los casos como intrínsecamente mala.

 

Como puede advertirse, un juicio moral que nada tiene que ver con el uso de la tortura tal como se generalizó a partir de la ruptura de Perón con los Montoneros (1973), la acción criminal de López Rega y sus esbirros (1973-1975), el gobierno de María Estela Martínez de Perón (1974-1976) y, luego del 24 de marzo de 1976, el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). Una de las tantas coincidencias entre el estudio de Ezcurra y el de Gelonch Villarino es el de la insuficiencia de la legislación positiva vigente entonces y la necesidad de adaptarla al tipo de guerra que se estaba librando. Lamentablemente poco y nada se hizo al respecto.

 

También la revista Verbo se ocupó de enseñar los fines y los medios moralmente lícitos de combatir a la subversión, como sucedió con la publicación en tres entregas, a lo largo del año 1975, de un artículo titulado “Moral, derecho y guerra revolucionaria”, centrado principalmente en los fines de la pena respecto a los delitos del terrorismo marxista, pero desde las características peculiares de la Guerra Revolucionaria. La argumentación era similar a la que luego esgrimiera Gelonch Villarino, con algunas diferencias de matiz [14]. Y las condiciones como los matices indicados, nada tuvieron que ver con la metodología criminal adoptada o al menos tolerada sucesivamente por los gobiernos de Juan D. Perón, María Estela Martínez de Perón y el último gobierno cívico- militar.

 

Notas

 

[1] Galli, Carlos; Durán, Juan; Liberti, Luis; Tavelli, Federico, La verdad los hará libres. La Iglesia Católica en la espiral de violencia en la Argentina 1966-1983, Tomo I, Editorial Planeta, 2023.

 

[2] Martínez, Jorge, La Iglesia y el drama de los 70 (I), La Prensa, 26/03/2023.

 

[3] Manfroni, Carlos, Montoneros: Soldados de Massera. La verdad sobre la contraofensiva montonera y la logia que diseñó los 70, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2012; Manfroni, Carlos, Propaganda Due. Historia documentada de la logia masónica que operó en la Argentina sobre políticos, empresarios, guerrilleros y militares, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2016.

 

[4] Ousset, Jean, Para que Él reine, 3a edición, Dómine Editorial, Buenos Aires, 2011, págs. 417 y 419.

 

[5] Hernández, Héctor H., Sacheri. Predicar y morir por la Argentina, Vórtice Editorial, Buenos Aires, 2007, pág. 339.

 

[6] Carlos Mugica, Revista Cabildo, N.º 14, Junio de 1974, pág. 24.

 

[7] Crónica de Guerra, Revista Cabildo, N.º 16, Agosto de 1974, págs. 5-6.

 

[8] Juárez Avila, Pablo, Genta; una lección profética, Revista Cabildo, mayo 2004, 3ª época, n° 36.

 

[9] Revista Cabildo, Nº 22, Febrero de 1975.

 

[10] Ezcurra, Alberto I., Moral cristiana y Guerra antisubversiva. Enseñanzas de un capellán castrense, Editorial Santiago Apóstol, CABA, 2007.

 

[11] Hernández, Héctor H., op. cit., pág. 353.

 

[12] Mikael, Revista del Seminario de Paraná, Año 8, N.º 24, Tercer cuatrimestre de 1984, págs. 171-172.

 

[13] Revista Cabildo, 2a Época, N.º 39, 1981.

 

[14] Revista Verbo, N.º 159, Diciembre de 1975.