En el día de la fecha, damos por terminado el ciclo de ediciones de Orden Natural, iniciado hace seis años. Mantendremos este sitio, con el archivo de los artículos ya publicados; agradeciendo a quienes nos acompañaron durante esta experiencia de difusión de ideas y principios.
RESEÑA BIBLIOGRÁFICA: OIKÍA Y POLIS
Luis María
Caballero
El cuatro de
febrero de este 2024 concluyó su trayecto terreno el Prof. Rafael Alvira. Un
amigo bueno y maestro sabio que, con su labor docente, sus escritos y su
ejemplo trajo luz a mucha gente. Después de una vida llena de frutos sabrosos y
abundantes, partió para el Cielo a disfrutar de la Vida Eterna junto a su Dios
y Señor, su amigo Jesús. Fue un verdadero santo que no dudo que algún día
veneraremos en los altares. Su devoción sencilla, una humildad que lo llevaba a
procurar pasar inadvertido y una voz siempre calma que llevaba paz a las almas
de sus amigos y alumnos con sus consejos -siempre certeros-, me hacen pensar
que así será.
Quienes hemos
asistido a sus clases, escuchado sus conferencias y disfrutado de su obra
escrita recordaremos por siempre su voz apenas susurrada, su sonrisa llena de
afecto y su humor incomparable al hablar de esos temas tan sustanciosos que
sabía presentar de manera sencilla y amena. Su filosofía de la vida cotidiana
es una joya del intelecto que aún debe ser descubierta y puesta en valor.
Familia, hogar, vida ordinaria. Todos esos conceptos permean su obra y el
esquema conceptual de su pensamiento.
Su labor como
pensador es reconocida en todo el mundo y en la Universidad de Navarra, donde
fue catedrático de filosofía, será recordado como referente y pionero en diversas
áreas del saber. Fue uno de los fundadores y director del Instituto Empresa y
Humanismo, desde donde llevó adelante una ingente tarea de concientización
sobre la importancia de conservar una mirada ética en todos los quehaceres de
la actividad humana. Fue autor de más de doscientos artículos científicos y
numerosos libros relevantes sobre distintos tópicos; dirigió más de cuarenta
tesis doctorales y fue parte del tribunal examinador en un número similar de
defensas de tesis. En el año 2019 presidió el tribunal ante el que defendí en
Pamplona mi propia investigación para acceder al grado de doctor en Gobierno y
Cultura de las Organizaciones.
Su partida nos ha
dejado un poco huérfanos y su ausencia física ya comienza a notarse. Sabemos
que ha llegado al final del camino y ha peleado el buen combate. Descansa ya en
el paraíso, pues Jesús -seguramente- lo ha recibido diciéndole: Siervo bueno y
fiel, entra en el gozo de tu Señor. Estoy seguro de que, desde el Cielo,
continuará haciendo mucho bien.
En el año 2023
tuve el honor y el privilegio de escribir la Introducción del libro Oikía y
Polis, que realizó junto con uno de sus discípulos dilectos, Rafael Hurtado.
Agradeceré por siempre el regalo que me hicieron al pedirme esta colaboración,
en un trabajo que considero un legado intelectual muy importante.
Cuando el libro
llegó a mis manos me sumergí en su lectura con premura de entusiasta,
procurando beber sorbo a sorbo cada página para alcanzar la riqueza que allí
subyace y así hacerla carne en mi propia vida.
Mi amistad con los autores comenzó en el año
2006, cuando fui a Pamplona por primera vez. Hacía poco más de un año que me
había casado y con mi esposa acabábamos de emprender un viaje que sería el
punto de partida de una aventura –así llaman los autores a la vida de hogar-
que aún continúa, contra viento y marea.
Apenas conocí a
Don Rafael Alvira descubrí en él a un verdadero maestro, de esos que escriben
profundamente en las almas; y en Rafael Hurtado encontré a un amigo sabio al
que procuraré conservar toda mi vida. Con ambos existían visiones semejantes
sobre muchos temas importantes, y en los dos encontré también, junto a mi
familia, un apoyo muy valioso en momentos complejos que hemos debido atravesar.
A veces, estando geográficamente cerca, y otras veces a la distancia, unidos
por la cercanía que brindan el cariño y la oración.
Las ideas que han
trabajado de manera tan profunda en Oikía y Polis son parte de un acervo vital
que ellos encarnan cotidianamente de manera sencilla y natural. Sus pensamientos
-que vuelan muy alto, aunque sepan expresarlos de manera tan sencilla y
coloquial- son fruto y consecuencia de un modo de vivir que ilumina el
recorrido terreno de quienes tenemos la gracia de haberlos conocido.
A partir de ese
lejano 2006 mi vida ha tenido numerosos desafíos. Desde muy temprana edad sentí
una profunda vocación política, que canalicé con ardor juvenil durante bastante
tiempo en mi tierra natal. El sueño de contribuir a transformar la realidad de
mi país me llevó a destinar gran parte de mis afanes a esa tarea. Sin embargo,
de un tiempo a esta parte, he debido canalizar esas inquietudes de manera muy
distinta; en el Tercer Sector, en la vida académica y, primordialmente, en la
vida familiar. Gracias a las enseñanzas de estos autores, he visto fortalecida
la certeza de que mi vocación política, mi forma de contribuir a la sociedad ES
con mi esposa y con mis cinco hijos.
En ocasiones Dios
permite que una familia viva situaciones difíciles, como una manera de
recordarnos que la paz y la felicidad no se alcanzan cuando cumplimos al pie de
la letra nuestros proyectos, sino cuando abrazamos con amor los Suyos. La
llegada de nuestra hija María del Rosario es la prueba más evidente de ese
aserto.
Ella nació en
Pamplona, durante nuestra segunda estadía en Navarra -en el año 2015- después
de un embarazo en el que los médicos anunciaban muy escasas posibilidades de
sobrevida para nuestra bebé. Un médico nos dijo que, si llegaba a sobrevivir,
sus días y los nuestros transcurrirían en un mar de tristeza, limitaciones y
dolor. Su conclusión era tan terrible que no me atrevo a ponerla en palabras.
Sin embargo, hoy Rochi – como la llamamos – tiene ocho años y lleva una vida
plena y feliz junto a nosotros y sus cuatro hermanos varones.
Cuando abrí el libro encontré una frase de
Gilbert Keith Chesterton que fue una invitación a adentrarme en el libro, sin
demoras. Allí hallé casa, familia y hogar. Lo que me presentaron Alvira y
Hurtado fue –usando palabras de Miguel Cané en su Juvenilia – Un rayo de luz,
la manzana de Newton, la lámpara de Galileo, la marmita de Papin, la rana de
Volta, la tabla de Rosetta de Champollion, la hoja enroscada de Calímaco. Allí
leí por vez primera, de manera clara y sólidamente articulada, una serie de
ideas y verdades que, si fueran puestas en práctica por cada familia, podrían
cambiar el mundo. ¡Familia, llega a ser lo que eres! Ese es el grito, con
claras resonancias wojtyleanas, que se desprende de cada una de sus páginas. La
grandeza de la invitación corre paralela a las dificultades del desafío.
La familia es
sagrada porque implica sacrificio. La familia es el lugar al que se vuelve,
porque solo allí podemos ser lo que realmente somos. La familia es el ámbito
primigenio del conocimiento mutuo y el sitio más propicio para el desarrollo de
la confianza… Tan solo imaginemos lo que podría ser nuestra sociedad si
lográramos expandir a su ámbito específico la noción de sacrificio por amor,
verdadero conocimiento de unos a otros y confianza mutua… Por lo tanto,
retomando la idea del párrafo anterior, merece el esfuerzo aceptar la
invitación y afrontar el desafío.
Muchos conceptos que allí se vierten ayudan a
redescubrir el sentido más profundo de tantos caminos que cada día elegimos
como padres y de los rumbos que seguimos de manera apenas intuitiva. En
ocasiones podemos perder de vista que la vida en familia no es una decisión de
un día para siempre, sino que implica decidir, cada día, la renuncia voluntaria
a algunos bienes más pequeños en pos de un bien mayor que puede tener
continuidad y trascendencia en el tiempo, a través de las generaciones. Esas
decisiones son actuales y conscientes, y el libro nos recuerda que jamás
debemos darlas por supuestas. Esas decisiones son actuales y conscientes
–decía- porque cada una de ellas está inspirada en el amor.
La familia
-enseñan con meridiana luminosidad los autores- no solamente es la célula de la
sociedad, sino que es también su alma, y, por lo tanto, solamente
fortaleciéndola podemos aportar verdaderamente al conjunto social. El panteísmo
de estado del que nos habla el escritor argentino Hugo Wast, busca prescindir
de esa alma, sustituyéndola por precarios equilibrios, pero esos proyectos no
parecen estar dando resultado, si miramos las injusticias del mundo actual…
Los médicos que
nos atendieron durante el embarazo de nuestra hija tenían la casi certeza de
que ella no podría vivir fuera del vientre materno y eso marcó una etapa de
nuestras vidas. La perspectiva de perderla tan pronto nos hizo buscar el
refugio en Dios, que se manifestó en el cariño de nuestras familias de sangre,
en la sonrisa de nuestros hijos, y en la cercanía y apoyo de muchísimos amigos,
entre los cuales se cuentan Rafael Alvira y Rafael Hurtado.
Cuando tiene la
experiencia del dolor profundo encuentra más facilidad para elevar la vista
hacia lo divino (muchas veces, sencillamente, clamando al Cielo que el dolor
cese), pero no es menos cierto que al hacerlo es más fácil percibir también,
con mucha mayor claridad, que nuestros semejantes tienen -como nosotros-
dolores, angustias y preocupaciones. Ese mirar a lo alto ayuda a sabernos
frágiles, a reconocernos débiles y, en consecuencia, a comprender mejor las
debilidades de quienes nos rodean. El refugio es la familia, pero en esos
momentos la familia se amplía y se descubre que en la sociedad es posible
recrear esos vínculos, no solamente a través de la sangre, sino por medio de
lazos espirituales. Únicamente logrando esa trascendencia podremos contribuir a
la construcción de una sociedad mejor, que no se conforme con “durar”, sino que
pueda desarrollarse en el tiempo.
La experiencia del sufrimiento obliga a vivir
más lentamente, a saborear cada avance, cada mejora, cada aprendizaje, y a
poner en una perspectiva más real y profunda las circunstancias de cada día. A
valorar mejor la ayuda recibida, y a agradecer a Dios el mismo don de la
existencia. En el trabajo que hoy me toca reseñar se muestra la riqueza de esa
forma de encarar la propia vida, acompañado, sostenido y enmarcado por un
núcleo familiar, donde se rescate lo que es bueno, bello y verdadero.
Todo el libro está
permeado por una serie de reflexiones que cada uno podrá hacer propias,
trayéndolas a su vida. Lo que han escrito estos dos grandes pensadores no es un
trabajo teórico, abstracto, lejano, sino un conjunto de ideas y propuestas,
engarzadas a la manera de un orfebre, que cada uno de nosotros puede
incorporar, sin artificialidades, en la propia realidad.
Un párrafo aparte
merece el epílogo del libro. La amplitud del registro intelectual de los
autores se hace patente en su capacidad de realizar, sin perder precisión, un
análisis sobre el transhumanismo, una semblanza biográfica de Chesterton, o una
fábula sobre la vida humana, como es el diálogo entre los dos niños por nacer
que encontramos en las últimas páginas. La seriedad, el humor, el sentido común
y la ternura se suceden sin solución de continuidad y eso permite al lector
seguir la tesis sin perder jamás el hilo del razonamiento, ni el interés. Ese
es un mérito indudable de los profesores Alvira y Hurtado, que sabrán apreciar
los lectores. Cada uno de nosotros puede sentirse identificado y reflejado –de
manera alternada- en los pensamientos de los dos bebés que conversan en el
vientre de su madre. La esperanza, la humana inquietud ante lo que aún no hemos
visto, la confianza en lo que hemos “oído”, y el temor a equivocarnos son una
metáfora maravillosa sobre la vida humana, la vida en familia y -por supuesto-
la vida en sociedad.
En el libro se
presentan los desafíos del mundo moderno, sin conceder nada a lo políticamente
correcto y sin eufemismos, como solamente saben hacerlo quienes tienen claro
hacia dónde debemos ir. Y cuando el recorrido de un pensamiento es presentado
de esa manera, uno pierde el miedo a seguir el rumbo marcado. Como padre, como
marido, como amigo, agradezco la guía certera de los dos autores.
La presencia de Dios está clara desde la
primera a la última página, de una manera muy natural, porque Dios, en Sí
mismo, es Familia y los autores lo saben muy bien. El Dios del que nos hablan
no es una divinidad ajena a nuestras vidas, sino un Padre Providente que nos
conoce y nos ama, y nos invita a la plenitud de la vida, en nuestras familias y
en la sociedad en que vivimos, por medio de un amor de agapé, que es entrega
confiada y sacrificio voluntario.
El dolor no impide la felicidad. El
sufrimiento no es lo opuesto a la alegría. Simplemente hay que aprender,
incluso en medio de nuestros fallos de cada día, a dejarse llevar de la mano de
Dios. Y eso es lo que Rochi, junto con sus hermanos, ha venido a enseñarnos a
nosotros como familia, y a muchas personas más que se han visto transformadas
por el amor de Dios en este tiempo.
Luis María Caballero
Decano de Ciencias del Derecho
Universidad Siglo 21
REVISTA
REVISTA
EL NACIONALISMO CATÓLICO
y la guerra al terrorismo marxista (I)
POR FERNANDO
ROMERO MORENO
La Prensa,
16.04.2023
Hace unos días
salieron a la venta los dos primeros tomos del libro La verdad los hará libres,
dirigida por la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina
(UCA), a pedido de la Conferencia Episcopal de nuestro país (CEA).
Este trabajo de
investigación es el primero que se publica habiendo utilizado al mismo tiempo
el Archivo de la Conferencia Episcopal Argentina y el Archivo corriente de la
Santa Sede, incluida la Secretaría de Estado, el Consejo para los Asuntos
Públicos de la Iglesia y la Nunciatura en la Argentina. El tomo I se titula “La
Iglesia Católica y la espiral de violencia de la Argentina entre 1966 y 1983”
[1].
Aquí se
responsabiliza de modo principal al Nacionalismo Católico y al “integrismo” por
la violencia de los años ´70, al haber inspirado supuestamente la metodología
de la represión ilegal, relativizando en cambio la gravedad que supusieron la
teología progresista y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM)
en relación a la subversión castro-comunista, como la opción por las armas que
inculcaron en gran cantidad de jóvenes argentinos, llevándolos a la muerte.
Como explica Jorge
Martínez en un reciente artículo publicado en el diario La Prensa, los autores
ubican en la corriente “integrista” a “la Ciudad Católica de Jean Ousset y la
revista Verbo, a los padres Julio Meinvielle, Alberto Ezcurra y Alfredo Sáenz,
a los libros La Iglesia Clandestina de Carlos Sacheri y Fuerzas Armadas: ética
y represión de Marcial Castro Castillo (pseudónimo de Edmundo Gelonch
Villarino), al Seminario de Paraná, a la revista Mikael, al Vicariato
castrense, a los capellanes militares y muy especialmente a los obispos Adolfo
Tortolo y Victorio Bonamín” [2].
La realidad, por
cierto, es muy distinta, toda vez que el Nacionalismo Católico, además de haber
hecho una seria crítica teológica, filosófica, política, jurídica, cultural,
económica y financiera del terrorismo marxista, no dudó en señalar también bajo
qué condiciones morales era lícito combatirlo, teniendo en cuenta que había que
aplicar los principios universales del derecho natural y cristiano acerca de la
guerra justa a una “guerra revolucionaria” (muy diferente de la guerra clásica
o convencional).
En esta última el
enemigo se ubica al margen de las leyes internacionales sobre conflictos
armados, no usa uniforme, considera que el fin justifica los medios y se
mimetiza con la sociedad civil, formando parte de una compleja estructura
clandestina (de tipo celular, piramidal y tabicada). Como veremos, estudiar
estas condiciones fue tarea que realizaron los referentes más importantes del
Nacionalismo Católico, a diferencia de otras corrientes políticas que actuaron
según criterios, al menos de hecho, utilitaristas, superficiales o simplemente
cómplices.
Va de suyo que
este análisis parte de la premisa de que la Argentina vivió una Guerra Civil de
naturaleza revolucionaria, sobre todo entre 1969 y 1979, guerra provocada por
organizaciones armadas marxistas-leninistas, fueran o no partidarias de
utilizar al Movimiento Nacional Justicialista como “puente” hacia la “Patria
Socialista”. Guerra que el Nacionalismo Católico estudió en sus orígenes, en su
naturaleza, en su “modus operandi”, en su financiamiento, en sus cómplices y en
sus consecuencias.
Recordemos, para
contextualizar lo que estamos afirmando, que las organizaciones terroristas que
operaron en la Argentina dependían directamente del Departamento América del Partido
Comunista Cubano, con el apoyo de la URSS en su primera etapa. Y que, respecto
de Montoneros, la Triple A y algunos sectores del autodenominado “Proceso de
Reorganización Nacional” existió una cierta convergencia en torno a la logia
masónica Propaganda Due, también responsable de esta guerra [3].
PRINCIPIO GENERAL
Veamos ante todo
un principio general, tomado precisamente del tradicionalista francés Jean
Ousset, fundador de la Ciudad Católica, iniciativa adaptada a nuestra realidad
por los referentes de la revista Verbo y por el Instituto de Promoción Social
Argentina (IPSA), fundado por Carlos A. Sacheri. Escribió Ousset en su Para que
Él reine: “Louis Veulliot [católico francés, tradicionalista y monárquico] supo
protestar contra los fusilamientos precipitados [en tiempos de la Commune] y no
temió reprochar a los burgueses liberales su excesiva dureza en la revancha”. Y
afirmaba: “La justicia prohíbe las ejecuciones secretas... ¡Que el pueblo vea
cómo se castiga al criminal, que el mismo criminal se sienta castigado!
Entonces puede ser tocado por el arrepentimiento y rescatarle para la eternidad
(…) Y que no se vaya más allá de lo necesario. La conciencia pública pedirá
cuenta de un solo tiro de fusil que la justicia o el derecho a la legítima
defensa no hayan ordenado (...)‘La fraternidad o la muerte’ es y sigue siendo
una máxima revolucionaria” [4], no una enseñanza católica.
CARLOS SACHERI
No es extraño
entonces que, en la misma línea, Carlos A. Sacheri, anticomunista hecho y
derecho, además de mártir en la Guerra contra la subversión, repudiara la
metodología criminal de combatir al terrorismo, como la que empleaban algunas
organizaciones del denominado peronismo ortodoxo: “Yo recuerdo –decía Fernando
de Estrada– que, cuando mataron a Silvio Frondizi, estábamos en una reunión con
Sacheri y otras personas, algunas más bien de orientación liberal, que
insinuaron aprobar el procedimiento, y recuerdo que Carlos se opuso cortándolos
inmediatamente. Dijo que estaba mal. Que así no” [5].
Un repudio similar
fue publicado en la revista Cabildo en su número 14 de junio de 1974 ante el
asesinato del padre Carlos Mugica: “Todos los argentinos bien nacidos debemos
lamentarnos de ésta y de tantas otras inútiles muertes producidas por razones
ideológicas o por motivos dialécticos y que parecen haber introducido un nuevo
estilo en nuestras prácticas políticas, estilo que vendría a echar por tierra
la creencia de que vivimos en una Argentina civilizada” [6].
De modo similar se
expidió esta revista ante el asesinato del diputado Ortega Peña, de conocida
militancia en el peronismo de izquierda: “En el camino pues de la guerra que
están organizando para que la padezca todo el país, las facciones malavenidas
del peronismo, fue ametrallado el diputado Ortega Peña en el filo de la
medianoche del miércoles 31 y a cuadra y media de una seccional de policía
capitalina. Este nuevo crimen que provocó la muerte instantánea de su víctima,
conmovió también a la ciudad. Era la primera vez que caía –destinatario ahora
de sus propias reglas de juego– una figura principal de la guerrilla ideológica
de izquierda. (…) Este desenfreno criminal obedece” a leyes “cruelmente
sofisticadas” [7].
La aparición de
bandas paramilitares que respondían al terrorismo marxista con idéntica
metodología, había sido advertida y juzgada severamente por otro importante
pensador y mártir del Nacionalismo Católico, el Prof. Jordán B. Genta.
En tiempos de
Lanusse, cuando ya la guerrilla hacía notar su presencia con asesinatos,
secuestros, robos, etc., estando en la provincia de Tucumán, alguien le
preguntó: “—¿No piensa Usted, profesor, que debemos organizarnos y armarnos, y
atacar a los guerrilleros de la misma manera en que ellos nos atacan,
eliminándolos ocultamente para evitar el reproche internacional y la represalia
guerrillera de hoy y de mañana?”. La respuesta de Genta fue clara y
contundente: “No —dijo— esa manera de actuar es inadmisible. En primer lugar y
ante todo, el cristiano debe estar dispuesto a morir, no a matar; dispuesto a
morir por la fe, por la patria, por la familia, por el prójimo. Debe estar
dispuesto a derramar, como Nuestro Señor Jesucristo, la propia sangre, y no la
sangre ajena. En segundo lugar, y si tiene que defenderse y combatir, el
cristiano debe hacerlo en la luz y a cara descubierta, y no desde la sombra y
con el rostro encapuchado. Además, los que tienen que desplegar la lucha armada
son los integrantes de las Fuerzas Armadas de la Nación, quienes deben apresar
abiertamente a los guerrilleros, deben juzgarlos públicamente según las leyes
de la guerra, deben condenarlos públicamente y, si fuese posible, deben también
ejecutarlos públicamente. Actuar clandestinamente es de una ruindad, una vileza
y una cobardía impropias de un soldado, de un estadista y de cualquier
cristiano; es algo que no se puede hacer si se es discípulo de Cristo. Y en
tercer y último lugar, la guerra sucia a los guerrilleros se la van a perdonar
y los van a convertir en héroes, a ustedes no. Ustedes, en rigor, no serán
perdonados, y serán, en cambio, castigados como criminales” [8]. Una respuesta
profética.
La revista Cabildo
no se privó tampoco de repudiar la persona y las acciones de López Rega,
instigador principal de la “represión ilegal peronista” con la tapa de su
número 22 en la que, junto a la foto del “Rasputín” justicialista, se estampó
la frase “José López Rega: El Estado soy yo” [9], lo que le valió a Cabildo la
clausura por parte del gobierno “democrático, nacional y popular” de Isabel
Perón.
DOS ESTUDIOS
Mención aparte
merecen dos estudios específicos acerca de cómo aplicar las enseñanzas clásicas
de la Iglesia Católica sobre la guerra justa, a la guerra revolucionaria. Los
franceses que combatieron contra el comunismo en Argelia hicieron el estudio
detallado de esta modalidad y sus diferencias con la guerra convencional,
originando la “Doctrina de Guerra Revolucionaria” (DGR) a través de referentes
como Lacheroy, Trinquier, Aussaresses, Chateau-Jobert y Bigeard. Sus análisis
fueron importantes para entender con qué clase de enemigo se estaba combatiendo,
pero no siempre ni en todos los casos sus consejos fueron acordes con la moral
cristiana.
Ese estudio, en
consecuencia, debieron hacerlo en la Argentina el padre Alberto Ezcurra
Uriburu, a pedido de Mons. Tortolo y el Prof. Edmundo Gelonch Villarino,
discípulo de Genta, ante las consultas de militares decididos a dar guerra sin
cuartel a la subversión marxista pero preocupados por ciertas prácticas que
estimaban contrarias a la ley natural y divina.
El padre Ezcurra
escribió entre fines de 1974 y principios de 1975 un opúsculo titulado De Bello
Gerendo. Muchos años después, en el año 2007, fue publicado como libro bajo el
título Moral cristiana y guerra antisubversiva- Enseñanzas de un capellán
castrense [10]. El opúsculo está dividido en tres capítulos y un Apéndice: I.
Principios generales (Legítima defensa, pena de muerte y guerra justa); II. La
Guerra revolucionaria; III. Aspectos morales (Licitud de la Guerra
revolucionaria, Respecto de los medios, Insuficiencia de la legislación
represiva y Advertencias a los hombres de Iglesia).
El enfoque general
respecto de la metodología contrarrevolucionaria puede advertirse en la
siguiente cita que Ezcurra tomó de San Ambrosio: “Aún entre enemigos existen
derechos y convenciones que deben ser respetados”, y los asuntos más complejos
a los que da respuesta (siguiendo a importantes exponentes del derecho natural
como del derecho internacional público) son la aplicación o no de las leyes
internacionales de derecho positivo a quienes no se sujetan a ellas, la licitud
de dar muerte en combate a los guerrilleros, la licitud o no de hacerlo en caso
de rendición, la licitud o no de eliminar físicamente a los jefes y
responsables (teóricos o militares) de la guerrilla, la licitud o no de las
represalias, entre muchas otras. Y deja bien claro que nunca puede ser lícita
la ejecución de los rendidos, salvo casos excepcionales y jamás sin juicio
sumarísimo.
Como comentaba el
Dr. Héctor H. Hernández, biógrafo de Sacheri, al analizar este opúsculo: “Ni se
le pudo ocurrir al P. Ezcurra entonces que las Fuerzas Armadas adoptaran (...),
como lo hicieron (cuando lo hicieron, lo digo así porque la leyenda oficial
miente mucho), el procedimiento criminal de los ‘desaparecidos’ ni ninguna cosa
semejante” [11]. Muy por el contrario, nos consta que el mismo Ezcurra debió
interceder, aunque sin éxito, ante la desaparición de un conocido suyo, que fue
secuestrado por error y asesinado.
GELONCH VILLARINO
En cuanto al libro
de Gelonch Villarino (que apareció bajo el pseudónimo de Marcial Castro
Castillo), fue escrito antes del 24 de marzo de 1976 y circuló (sin ser
publicado) entre miembros de las Fuerzas Armadas, en especial de la Fuerza
Aérea Argentina, cuyos oficiales de filiación nacionalista y católica se
encargaron de difundir. Recién en 1979 salió a la venta, con algunos pasajes
nuevos fruto de consultas de militares en actividad por problemas de
conciencia.
Este libro fue
elogiado con ocasión de su publicación por las revistas Mikael [12] del
Seminario de Paraná y también por la Revista Cabildo [13]. El libro,
fundamentado principalmente en las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino,
Francisco de Vitoria y el Magisterio de la Iglesia, se explaya en
consideraciones muy atinadas sobre los requisitos de la guerra justa, su aplicación
a la guerra revolucionaria y temas específicos como la pena de muerte, los
bienes del enemigo, la verdad y la mentira, el trato de los inocentes (niños,
mujeres, ancianos, etc.) o la tortura como método de interrogación.
Respecto de esto
último, Gelonch Villarino la descarta como inmoral respecto de inocentes y
sospechosos, y sólo probablemente lícita en relación a los culpables en casos
muy excepcionales (no de modo habitual), cuando esté gravísimamente afectado el
bien común y no quede otro medio, según el juicio prudencial “ad casum” de la
autoridad competente. Con todo, no deja de recordar, a contrario sensu de su
opinión (dicha con enorme precaución), que los papas Nicolás I como Pío XII y
moralistas ortodoxos, la consideraron en todos los casos como intrínsecamente
mala.
Como puede
advertirse, un juicio moral que nada tiene que ver con el uso de la tortura tal
como se generalizó a partir de la ruptura de Perón con los Montoneros (1973),
la acción criminal de López Rega y sus esbirros (1973-1975), el gobierno de
María Estela Martínez de Perón (1974-1976) y, luego del 24 de marzo de 1976, el
Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). Una de las tantas coincidencias
entre el estudio de Ezcurra y el de Gelonch Villarino es el de la insuficiencia
de la legislación positiva vigente entonces y la necesidad de adaptarla al tipo
de guerra que se estaba librando. Lamentablemente poco y nada se hizo al
respecto.
También la revista
Verbo se ocupó de enseñar los fines y los medios moralmente lícitos de combatir
a la subversión, como sucedió con la publicación en tres entregas, a lo largo
del año 1975, de un artículo titulado “Moral, derecho y guerra revolucionaria”,
centrado principalmente en los fines de la pena respecto a los delitos del
terrorismo marxista, pero desde las características peculiares de la Guerra
Revolucionaria. La argumentación era similar a la que luego esgrimiera Gelonch
Villarino, con algunas diferencias de matiz [14]. Y las condiciones como los
matices indicados, nada tuvieron que ver con la metodología criminal adoptada o
al menos tolerada sucesivamente por los gobiernos de Juan D. Perón, María
Estela Martínez de Perón y el último gobierno cívico- militar.
Notas
[1] Galli, Carlos;
Durán, Juan; Liberti, Luis; Tavelli, Federico, La verdad los hará libres. La
Iglesia Católica en la espiral de violencia en la Argentina 1966-1983, Tomo I,
Editorial Planeta, 2023.
[2] Martínez,
Jorge, La Iglesia y el drama de los 70 (I), La Prensa, 26/03/2023.
[3] Manfroni,
Carlos, Montoneros: Soldados de Massera. La verdad sobre la contraofensiva
montonera y la logia que diseñó los 70, Editorial Sudamericana, Buenos Aires,
2012; Manfroni, Carlos, Propaganda Due. Historia documentada de la logia
masónica que operó en la Argentina sobre políticos, empresarios, guerrilleros y
militares, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2016.
[4] Ousset, Jean,
Para que Él reine, 3a edición, Dómine Editorial, Buenos Aires, 2011, págs. 417
y 419.
[5] Hernández,
Héctor H., Sacheri. Predicar y morir por la Argentina, Vórtice Editorial,
Buenos Aires, 2007, pág. 339.
[6] Carlos Mugica,
Revista Cabildo, N.º 14, Junio de 1974, pág. 24.
[7] Crónica de
Guerra, Revista Cabildo, N.º 16, Agosto de 1974, págs. 5-6.
[8] Juárez Avila,
Pablo, Genta; una lección profética, Revista Cabildo, mayo 2004, 3ª época, n°
36.
[9] Revista
Cabildo, Nº 22, Febrero de 1975.
[10] Ezcurra,
Alberto I., Moral cristiana y Guerra antisubversiva. Enseñanzas de un capellán
castrense, Editorial Santiago Apóstol, CABA, 2007.
[11] Hernández, Héctor
H., op. cit., pág. 353.
[12] Mikael,
Revista del Seminario de Paraná, Año 8, N.º 24, Tercer cuatrimestre de 1984,
págs. 171-172.
[13] Revista
Cabildo, 2a Época, N.º 39, 1981.
[14] Revista
Verbo, N.º 159, Diciembre de 1975.